Soy aquél que empaña la locura de los placeres cotidianos, tocando piano amanezco y fluyo, pensante, errante en el olvido, prohibido no sentir, vivir con alevosía, algarabía a mis labios, sabios los dientes de la alegría, amnistía de la ciencia natural, descollante y neutral, fulminante y magistral. Fiel tornasol que avisa con fragancia la ternura de su pelo, el peinado y sus cabellos, bellos ojos, antojo a mi sed, cascadas que te llenan de hermosura, piel sedante, amante de la vida, diva que se esconde tras la luna, los soles, estrellas destellan la plaza del presente, inundan el paladar de lo imposible, invisible los ojos de la llanura, plenitud en las alturas de la majestuosa y blanca sonrisa, esa risa que cautiva el pensamiento del día a día, transparente y cordial sentimiento, inmortal te utilizo para esto en mis aposentos, estirado y trabajado los lentes de los árboles, presencia en los albores de los dedos, mi credo a través de un perfume asolado, los rayos, océanos de espíritu para inundarte de abrazos, distante estás, cercana a mi estación no estás, vigente como el zorzal en la pradera, laderas de encanto, se torna en un canto, lo que es bendición obviamente no es llanto, porque existes en la mente de mi almohoda, en los pétalos de mi jardín, en la neblina transparente, a esa que llaman llovizna, pero que moja con danza, y la lanza del puño empinado como señalando la victoria de tu bondad, dadivosa y regalona, una gata que reposa en mis caderas, en mis pupilas, en mis sueños, un diamante para su gran dueño..."Que te adornen las flores exóticas por tu gran deidad, primorosa tierna rubia angelical". El amor es tuyo, tómalo, pués te pertenece...y me enrostra la magia de tu simiente con la mente en el desierto de mi rostro. Vertiente que purifica y que sana, que vivifica y que extraña...

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