viernes, 20 de mayo de 2011

Dame de tu ayer.

Una alfombra amarilla el suelo ha de cubrir, las hojas caen, las hojas secas, llanto en los árboles, tristeza en las calles, nubes apasionan el ardor del frío, soles que se callan, mentes inscritas en la melodía del ayer, una antorcha al placer, diadema de vocablos me harán pensar en la dicotomía de lo evidente, esto no es el ente, la mente de lo existente, lunas rotas, aguas en las botas, el agobio me agota, una decisión.... Lentamente desvanezco, rehuso del suelo impávido de mañanas, cobijo una almohada de ensueños, cabalgo por el caballo del otoño, con singular partitura a mis oídos, sinfonía de milagros al abismo, deuda de la tibia espuma ante mis ojos, una inquietud a los párpados del ayer, influencia, dedos congelados, helado el corazón de la vida, no existes, no eres, no sé si serás, explícame, envuélvete, dame de tu ayer, lo que quiero es poseer, aunque sea una gracia con desgracia, el que estuviste, el que te atesoró, el que vive, el que añoró. Sonrisa melancólica y perpetua, que sollozan lágrimas del corazón, que dislumbran la penumbra del dolor, ya no estás, dame de tu ayer, revísteme, llévame a tu mundo de fantasía realizada, realidad que fuistes, que eres, que serás. Es tu ayer la que me dio el presente,  suelo escribir indecentes mentiras, estiras las manos del calor, color para darme sabiduría, habladurías es tu trabalenguas, la lengua filosa que me traspasa como espada al corazón, cuando me besabas y matabas la ansiedad del amor.