jueves, 27 de octubre de 2011

Desolación.

Deslizo mi victimario en el armario de las entrañas. Extrañas las cúspides de la ansiedad a tus caminos. He sido víctima de mi fracaso, porque no soporto ver como te enlazas con la tangente del abismo. Las armonías de mi agonía atesoran y afloran cuando desapareces de mi ente. Soy un residente que renuncia a la capacidad de sus verdades, al hogar de las señales, al ataúd de la vilolencia afrodisíaca. Me estiro en la cama del olvido, en las sábanas del llanto, en las rosas de la ironía. Me cuesta reflejar el espejo del diamante a tu rostro, me enrostro la semilla del ayer, el soplo del corazón, ese viento que arde en mis pupilas, enervantes de llanto, con lágrimas en mi canto, con ansias de encanto. Son artes de indisciplina a mis pensamientos, con angustia en los sentimientos, con anhelos de sensibilizar, con surcos de fidelidad, con brisas de felicidad. Son recuerdos, lo sé, pero vienen momentos de desolación, de insolación fría, de calor en la garganta, de ardor en los ojos, con abrojos de obscuridad. La luz se asimila muy tenue, ya no estás y todo se envanece, la luna, los soles, planetas y auroras, arcoiris sin esperanza, añoranzas al cielo de la vida, resuena la diva por instantes, constante he de ser en adelante, aunque pese toneladas de arboledas, con esos lirios en mi cabello, cuán! bello sería retrocederte, y no retroceder, es mi inocencia y mi indulgencia. La indecencia de no verte, de no poderte, de no quererte. Negligente mar de pétalos que no cubren el espacio del amor, estrellas que brillaron y hoy no son un tornasol, eras mi sol, mi cometa, mi recorrido a la meta, al enamoramiento, al embalaje del cariño, a tus ojos, a mis párpados... Ya no caben palabras en este escrito, ya no estás y no hay motivo, te fallé, me faltaste, me callé...me aplastaste...

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