Él se levanta de su sentimiento, para pensar en la soledad que lo prosperará por un momento, consciente de lo que fue, de lo que será, pero no le preocupa, es un caballero, un ególatra, un estudiante del amor, un álgido discipulo del temblor del tricolor pensamiento, un rudimento. Ferviente ella, camina los pasos del antiguo vestigio que dejó como hoja seca lo que pisó, está muy acongojada, no sabe que hacer, ni que pensar, pero si sabe como actuar...constante nunca lo fue. Los cercos gloriosos envidian a éste gran ayudante de la armonía de paz, de gozo y de consuelo, un vuelo que lo conoce, que se deja influir, que todo ya no es lodo, que vive, que salta, que enjambra, que piensa....Ella se acerca al camino mas precioso del oro, un tesoro que lleva para él, una guarida de secretos e inconfesables para redimirse, una pestaña deambulante de creaciones para comenzar, para el amor perdonar. Mientras todo está muy taciturno, se hace de turno la nobleza de su caballería, la gentileza la espera, el rencon no lo piensa, una mirada que se esconde, una envidia ambiosa de añoranza, una ironía. Se juntan, se miran, conversan, pero los sentimientos, porque él la espera por siempre, la contempla día tras día, la mira sin verla, porque existe para él, pera ella no está, se fue, se disipó la flor, se malcrió, se angustió, se voló con el viento...Ya no lo es, ya no está, agonizó y se mató. El amor se suicidó...Observación: Hay escritos que no son de mi autoridad, como también escritos sin editar. "Siempre seré aquél que ríe y que llora, que sostiene y mantiene lo que tiene".
martes, 15 de marzo de 2011
Espera eterna...
Semblante de ilusiones y ventanas enmarcadas con el silencio del anochecer. Una vida llena de presagios que caminan a la lentitud de una banal esperanza. Ella viene al interés por perdonar lo culto de la infalible disculpa disipada, una fiebre que atormenta sus obras, una sonrisa que perturba la conciencia de su imagen. El por su parte la espera, con un llanto que parece canto, porque su alegría ha despertado en su ser, ella anhela convertirse en lo que fue, pues su doctrina sin maestro la dejó seca para vivir, para actuar...para convivir. Es una solapada virtuosa mujer, que aprisiona su estado emocional, se da cuenta del amor que clavó con una lanza y lo ellevó hacia el horizonte, arrepentida, adolorida con causal de homicida.
Él se levanta de su sentimiento, para pensar en la soledad que lo prosperará por un momento, consciente de lo que fue, de lo que será, pero no le preocupa, es un caballero, un ególatra, un estudiante del amor, un álgido discipulo del temblor del tricolor pensamiento, un rudimento. Ferviente ella, camina los pasos del antiguo vestigio que dejó como hoja seca lo que pisó, está muy acongojada, no sabe que hacer, ni que pensar, pero si sabe como actuar...constante nunca lo fue. Los cercos gloriosos envidian a éste gran ayudante de la armonía de paz, de gozo y de consuelo, un vuelo que lo conoce, que se deja influir, que todo ya no es lodo, que vive, que salta, que enjambra, que piensa....Ella se acerca al camino mas precioso del oro, un tesoro que lleva para él, una guarida de secretos e inconfesables para redimirse, una pestaña deambulante de creaciones para comenzar, para el amor perdonar. Mientras todo está muy taciturno, se hace de turno la nobleza de su caballería, la gentileza la espera, el rencon no lo piensa, una mirada que se esconde, una envidia ambiosa de añoranza, una ironía. Se juntan, se miran, conversan, pero los sentimientos, porque él la espera por siempre, la contempla día tras día, la mira sin verla, porque existe para él, pera ella no está, se fue, se disipó la flor, se malcrió, se angustió, se voló con el viento...Ya no lo es, ya no está, agonizó y se mató. El amor se suicidó...
Él se levanta de su sentimiento, para pensar en la soledad que lo prosperará por un momento, consciente de lo que fue, de lo que será, pero no le preocupa, es un caballero, un ególatra, un estudiante del amor, un álgido discipulo del temblor del tricolor pensamiento, un rudimento. Ferviente ella, camina los pasos del antiguo vestigio que dejó como hoja seca lo que pisó, está muy acongojada, no sabe que hacer, ni que pensar, pero si sabe como actuar...constante nunca lo fue. Los cercos gloriosos envidian a éste gran ayudante de la armonía de paz, de gozo y de consuelo, un vuelo que lo conoce, que se deja influir, que todo ya no es lodo, que vive, que salta, que enjambra, que piensa....Ella se acerca al camino mas precioso del oro, un tesoro que lleva para él, una guarida de secretos e inconfesables para redimirse, una pestaña deambulante de creaciones para comenzar, para el amor perdonar. Mientras todo está muy taciturno, se hace de turno la nobleza de su caballería, la gentileza la espera, el rencon no lo piensa, una mirada que se esconde, una envidia ambiosa de añoranza, una ironía. Se juntan, se miran, conversan, pero los sentimientos, porque él la espera por siempre, la contempla día tras día, la mira sin verla, porque existe para él, pera ella no está, se fue, se disipó la flor, se malcrió, se angustió, se voló con el viento...Ya no lo es, ya no está, agonizó y se mató. El amor se suicidó...
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