Páginas

jueves, 17 de noviembre de 2011

Déjame entrar.

Día nublado, que miedo de frío al no tenerte, son incompetentes los dedos al aire, las manos contigo, pero sin tí. Me entiendes, lo sé, porque augurias tu esplendor desde el horizonte manantial, de lo alto del oído del silencio triunfante que se muda para sanar las heridas del ayer, mas no quemar el veneno de la sabiduría,  poder contemplarte con ardor, sanar con la espada cruzada en lo profundo del corazón, deslizarla y aguantarte con mi razón, con el color del portón de la entrada hacia la ilusión, con esperanza, con realidad, con favor a mi frente y la mente solamente en tí. Pídeme tu verdad, tu estrella a mi lado, la luna a tu lado, los dos en los soles, quemándonos de amor y pudor, con rayos y vientos, con soplos desde el oriente, no importa tu norte, al borde del precipicio, regresa los suplicios del ayer. Ya no quiero ver las mismas pasiones marchitas, no quiero revivir, anhelo vivir, con luces no de guerras, con histeria, con sangre en las venas, con el cuerpo en el alma, la calma que nos suscita esencia divina, que restaura el dolor por un color abismante, ya no es como antes... estás presente, contigo, pero sin mí. Te poseo a los vientos, a los surcos de las vertientes, de las cascadas y robles que noblemente me encausan a la verdad de tu risa, de tu cielo, no desde el suelo, desde la imagen parcial de tu rostro, te deseo aquí, no eres, eres, a veces, o quizás nunca, no lo sé, tú tienes la respuesta, apúrate, no sea que te quemes con los recuerdos del lecho sin lecho, vierte de tu verdad a mi alma, necesito de tí, empaña tu dolor en mi liberación.... Déjame entrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario