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domingo, 27 de noviembre de 2011

Mi cielo, mi suelo.

Amanecer con la vista en el cielo, el suelo en la casa del desierto, con el incierto nombre del corazón, una razón para no dejarte, el alma en el aire de la bruma, espuma que solloza el paladar a tus llagas de amor, que invierten el sentido de lo común, vierten el espejo de tu reflejo, una diadema de jardines a tu lecho, con el pecho erguido de esplandor, de socorros y calor. Mujer que incitas al mundo a no callar, escultura a mis ojos, figura a los paraísos, cascadas de luces, bosques de primavera, regadera a mi cautiverio, incienso a la adoración, creación bién hecha, acecha la mano que vislumbra mi hombro, que atisba el mundo irreal, no lloras, no hieres con hieles, me  honras con mirarte, contemplarte y maravillarte. Es un logro poder estar contigo, en los sueños, en los baños sin daños. aledaño a tus labios frescos de dulzor, con lenguas apuntadas al horizonte, al norte de tu ser, al sur de tu mar, al océano de tu alma, la calma de tus pasos, los lazos que me intrigan, irritan los dedos, mi credo, mi luz mi todo... Mi codo, mi arma, mi batalla, mi paz, mi novela, la vela que sombría nos alumbra con su velada y siluetas, mi destino por siempre, mi causa y mi magia, el universo de lo real, existes, estás, en mi motivo y la ilusión, en la sensación de mi interior, en el rincón diferente de los abrazos. Delirio de mi compás, caballos cabalgantes, ya no es como antes, rayos y lunas, estrella a mi ventana, sol a mi entraña, mi cielo, mi suelo, fragancia a mi vida, a los oídos, al tímpano abierto de color, al arcoiris de tus olas, las ondas que me llaman, que claman cuando estoy contigo, miradas que alucinan lo inexistente, que dejan caer las horas, hojas que secas se levantan en el temporal de la verdad, que caminan hacia el umbral de tus pies, tu piel que despierta sensaciones trémulas, que imaginan, peregrinan en el espacio no despacio, que vive y que reina en en cielo, en el suelo.... para los dos.