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lunes, 18 de abril de 2011

No estás...

Siempre que estás presente, la garganta mece su fidelidad penuria, ojos lloviznados, una jaula me has dejado, atormentado de la brisa sin prisa, del otoño mármol, preso de la angustia lejana y sin tí, impávida la silueta que se fue y no regresó, soles que se esconden para ver la realidad que me condena, auspiciadora de la morbilidad de mi pena, porque mis rejas no pueden soltar la alegría que anhelé algún mes, por la sequía del corazón inválido, por el llantoi de la nube sobre mi espalda, por la audaz caricia del olvido, tierna puñalada de recuerdos, concuerdo con el sentido del abismo, racimo de esperanzas que invierten el inerte pensamiento, una infidelidad a la mente que tropieza con la suave y mentirosa crueldad, con la seda de las espinas, con la mentira de la verdad, con el espejo del reflejo de la mirada azul, con la frente de positivas y cautivas sombras. Sé que ya no estás, dejaste huellas, sábanas sucias de pasión, sucias de sentimientos, pues así lo siento, tu falsedad te impidió ver mas allá de lo coexistente, los pétalos a rosa fueron amalgama de pureza y soledad, piedad le pedía a los cielos con su luna decoroza, indecoroza la propuesta que tornamos, parsimonis del latido perspicuo, oblicuo el ojo de la verdad, frialdad en mi piel que no es verdad, una cama y un sol, una dama y tornasol, un vientre, una mujer, un hombre, hambre, sed, calambres de angustia se envuelven en una razón, porque ya no estás y no hay un motivo para el amor.